El PSG gana al Leipzig y sueña con Mbappé y Messi

Messi se fue a París a ganar la Champions. Queda mucho aún para llegar a la final en San Petersburgo pero el PSG va por buen camino. Aunque las sensaciones no sean las mejores, de una forma o de otra el equipo se ha acostumbrado a sobreponerse a cualquier escenario y a ganar. Esta vez ante un buen Leipzig, que pudo con todo menos con un pletórico Mbappé -marcó uno y falló un penalti-y tampoco con Leo. En la noche en la que regresó como invitado su amigo Ronaldinho firmó dos goles para retener el liderato (3-2).

El Leipzig fue a por todas, apurado como llegaba a París. No le quedaba otra que apostar por ser valiente contra un PSG al sostén de Mbappé. El francés rebosa confianza y se gusta en la cancha, autor de jugadas para coleccionar. Ahora mismo está imparable. Frente a las dudas que despertaba por entonces su equipo retó a una carrera a la zaga rival. Su zancada fue incontestable antes de resolver con potencia al palo corto: 1-0. El público, otra vez entregado.

Tiene el PSG un equipo elaborado a base de cromos bonitos y su juego se define por momentos. Unos buenos, otros no tanto. Le gusta inventar y atacar, sentirse libre con la pelota, pero le cuesta un mundo correr hacia atrás. Como tantos otros, el Leipzig también le puso en apuros en pocos toques. Klostermann avisó una vez. Keylor Navas, titular en Champions, se vio abrumado por las llegadas de un equipo decidido a no conformarse. El empate estaba al caer.

Al cuadro de Pochettino se le ven las costuras a menudo, aunque Mbappé disimule muchas cosas. En un contragolpe el Leipzig encontró a Angeliño en zona de extremo para que el carrilero asistiera con acierto a Silva. El meta costarricense no tuvo nada que hacer. Castigo para un PSG inestable, a la espera del mejor Messi. El argentino fue de menos a más, a la espera de su momento de gloria. Antes, el Leipzig quiso olvidar la crisis por la que atraviesa y reaccionó en Europa.

El premio llegó para los germanos. Como en el 1-1, Angeliño volvió a tocar la pelota como los ángeles. Fue medio gol: con el exterior de la bota encontró a Mukiele, que solo tuvo que remachar a la red. Entró entonces Ilaix, que se saludó antes del choque con Messi. El argentino se rebeló a la inercia del encuentro. En un error del Leipzig rebañó Mbappé la pelota y se la dejó para que su socio se sacara un remate de los de siempre, con el interior, para empatar.

El recital de Leo aguardó al último tramo. Imposible hacerlo sin contar con Mbappé, derribado en el área por Simakan. Generoso, cedió su turno al rosarino. Messi definió al estilo Panenka para arrancar otra sonrisa desde la grada a Ronaldinho y a la gente en el Parque de los Príncipes, escenario de remontadas y de partidos convulsos. En el añadido, otro penalti por una zancadilla a Achraf. A Mbappé se le fue a las nubes. El PSG no enamora, pero gana. Y de eso trata la Champions.

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